MURO DE CONTENCIÓN EN EL PARAJE DE CARROS Y EL CAMINO ANTIGUO DE CERRO DE LEÓN A SIERRA DE AGUA Y SAN JOSÉ DE LOS MOLINOS.

Texto/Imagen:
L.C.C. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias.
¡Feliz noche, queridos amigos facebookianos y whatsappianos!
El pasado fin de semana del 9 y 10 de octubre de 2021 viajé a la región entre Xalapa y Perote para efectuar la tercera jornada de exploración de campo en referencia a la temática del combate de Cerro de León, efectuado el 18 de abril de 1862 entre la brigada franco-mexicana de los generales Francois Achille Bazaine y Leonardo Márquez contra la brigada mexicana del general liberal Aureliano Rivera.
SÁBADO 9 DE OCTUBRE
Me levanté a las 4:00 AM en Veracruz para alistarme tras un escaso sueño de apenas 4 horas. A las 6:10 AM tomé el autobús TRV con destino a Xalapa, a donde llegué alrededor de las 8:30 AM. Ahí me reuní con 4 de las personas invitadas y enseguida abordamos el transporte hasta el pueblo de Toxtlacoaya, municipio de Las Vigas de Ramírez. Ahí ya nos esperaban el maestro Santos Anastasio Zamora Alarcón, quien fuera cronista del municipio de Villa Aldama y su hijo Abdiel Zamora Marin que casi siempre le acompaña. Así como don José Humberto Rodríguez López, técnico dental y experto conocedor de la región y gran amigo mío desde 2015. Después llegaron 2 personas más desde Perote.
En total, fuimos 10 personas de los municipios de Xalapa, Perote, Villa Aldama, Jilotepec y Veracruz. Les invité a participar y hacer senderismo, aprovechando que la exploración, si bien era de investigación histórica, iba a tener suficientes kilómetros y paisajes para resultarles gratificante.
Ya reunidos todos, con bastante retraso sobre la hora fijada, hicimos la presentaciones para conocernos, ya que para 6 de ellos iba a ser su primera salida dentro de las actividades del equipo de Exploración y Estudio del Camino Real Veracruz-México (EXESCR), del que soy miembro fundador desde el 21 de agosto de 2016.
Después hice la entrega de 4 varas de caminante hechas con dura madera de encino procedente de la barranca de Angostillo, municipio de Paso de Ovejas, y que mi estimado “hermano” Roberto Carlos Olmos Vázquez consiguió a pedido mío. Es tradición en el equipo EXESCR, que siempre que es posible, obsequiamos su vara de caminante, que para muchos es la primera en su vida, a quienes caminan una jornada entera con nosotros, hermanando a todos los que escogemos “hacer camino” no solo como deporte sino como una forma de vida con su filosofía. A veces la entregamos a quienes por sus cualidades y/o trayectoria merecen nuestro respeto, aunque ya no puedan caminar rápido. Puede parecer algo muy simple, pero localizar el sitio donde hallar la madera adecuada, cortarla, procesarla, embellecerla y transportarla hasta las manos de su destinatario requieren de mucho tiempo y esfuerzo.
Es un acto de generosidad y de compartir “algo único” para honrar a una persona, ya que cada vara es una única y con su propia personalidad. La mía se llama “Benevolencia” y está conmigo desde mediados de 2018, su madera proviene de la selva inter-dunal de La Antigua y le tengo especial cariño, pues me ha acompañado a lo largo de cientos de expediciones, exploraciones, recorridos y casi siempre viaja conmigo cada mes, teniendo unos 500 kilómetros en su historial. Pues con ella he hecho las 2 rutas de Cortés, la mitad del camino real de Xalapa a Veracruz, el camino real viejo de Plan del Río a Cerro Gordo, los caminos diversos de Tolome, Cerro de León, Perote, etc. Es una vara sencilla, espartana e imperfecta como yo mismo lo soy.
Así, mis amigas Eunice Guadalupe Munguía García (licenciada en gastronomía y gran amiga desde 2011), Abigail Landa López (colega comunicóloga y guía en Jilotepec Turismo y Aventura), Araceli Contreras Bonilla (sicóloga y amiga de Abigail) y el maestro Santos recibieron sus varas y las probaron inmediatamente, después de enseñarles a hacer los nudos para formar la “dragonera” (para sujetar a la mano) y la “bandolera” (para llevar al hombro), a semejanza de la mía, con cordel blanco que traje de Veracruz. Después podrían personalizarlas acorde a sus preferencias.
Para Eunice fue emocionante, pues esta sería su primera actividad de exploración y su inicio en el “largo camino”, término con el que me refiero a la forma de vida de esfuerzo y superación del que la actividad física solo es la manifestación en el mundo visible. Pero que como cualquier arte o disciplina llevada hasta el final, transforma a su usuario en una versión mejor de sí mismo. Aunque por desgracia, conocemos también muchos ejemplos de transformaciones en soberbia, prepotencia, protagonismo, elitismo y exhibicionismo.
También es la primera vez que nos acompañarían Deyanira López Cortés, mi proveedora de equipo en Artical Xalapa, su hija de 10 años Zara Nicole Sastré, y su novio Homero Erasto Urbina Giménez. Todos ellos hicieron muy agradable esta travesía con su compañía y experiencia que también tienen.
Junto con las varas, a todos les compartí la tercera edición del tríptico informativo donde explicamos la historia del ya mencionado combate de Cerro de León y las fuentes y testimonios de la época que utilizamos en esta investigación. Para que al leerlo supieran el por qué investigamos esa parte de Toxtlacoaya y el itinerario del día siguiente.
En medio de un clima frío que amenazaba fuerte lluvia -aunque solo hubo una ligera en la primera hora- nos pusimos en marcha hacia las 11:00 AM, acometiendo la exploración de un tramo que parecía ser parte del camino real de Veracruz a México, nos adentramos en los bosques de Toxtlacoaya hacia el libramiento de la autopista 140D, cruzamos los restos de la carretera vieja hecha sobre el empedrado basáltico del camino real entre 1928 y 1938 y atravesamos un puente con la intención de adentrarnos hasta el bosque y girar hacia el camino real que ya conocíamos a fin enlazar los dos tramos.
Pero el paso ha sido ocupado por construcciones y los habitantes nos negaron permiso para transitar so pretexto de que ya no hay paso, aunque este sí existe y se ve a lo lejos. El maestro Santos, don Humberto y yo somos veteranos de esta clase de exploraciones y sabemos que esto sucede a veces, sabemos por el trato frecuente con las personas, cuando insistir y cuando mejor retirarse. Así que buscamos pasar por el lado opuesto que es público y libre: cruzamos el libramiento, bajamos al camino real y avanzamos a paso seguro, bendecidos por el sol que comenzó a brillar saliendo de las nubes. No sin antes pararnos a admirar la majestuosa belleza del enorme libramiento de dos carriles que se dirige a Puebla.
Pese al retraso en reunirnos y la lluvia, marchábamos a buen tiempo. Cómo líder de esta exploración tenia que administrar bien el tiempo, las distancias y saber siempre donde estábamos, pues en este día coincidió que el maestro Santos y Eunice tenían compromisos en la tarde y debían retirarse a una hora determinada. Al parecer don Humberto también. En contra teníamos que las salidas a la carretera las teníamos muy lejos y al lado opuesto de todo lo que íbamos avanzado. Por suerte, todos logramos llegar a la meta juntos y sin problemas de horario.
Hicimos la exploración de este camino, que resultó ser uno más moderno que se enlaza a su vez con otros más antiguos que al parecer se dirigen hacia Acajete y Tlalnelhuayocan, como alternativa al camino real que tenia sus garitas de cobro del peaje en Xalapa. Esperemos poder recorrerlos y documentarlos en el futuro. Guiados por don José Humberto que ya lo había recorrido tiempo atrás, reconocimos ese sendero y tras hacer el geoposicionamiento de los puntos importantes, lo descarté para su uso en la expedición documental que tendremos entre el 4 y 23 de diciembre de 2021, caminando 201.15 kilómetros desde Perote hasta Veracruz.
llegamos a bosques muy hermosos donde descansamos un poco. Para esa hora el sol ya estaba en lo alto dando un calor muy delicioso y así guardamos las chamarras e impermeables. Eunice había olvidado la suya y le presté la mía para caminar. Por suerte mi uniforme que en Veracruz suele ser muy caluroso, en Toxtlacoaya me mantenía muy bien protegido del frío y secaba rápido.
Después nuestro contingente subió por una fuerte pendiente llena de troncos derribados, hasta situarse a la 1:08 PM, mirando desde lo alto hacia el sitio exacto donde nos negaron el paso. Canalizamos la marcha por un estrecho sendero hasta llegar a una congregación muy pequeña con una pequeña iglesia en un promontorio, cuyo nombre pronuncian como Birham o Birjam (hay que investigar la correcta escritura de esta palabra), por un supuesto y legendario asaltante de caminos de esa zona. Aunque también hay otras posibilidades, eso lo resolveremos investigando.
Los habitantes nos confirman que vamos en la dirección correcta hacia Encino Gacho. Tras dejar el lugar, a las 2:03 PM llegamos al punto donde ese camino se enlaza con el de Veracruz a México que sube desde Xalapa y Toxtlacoaya. En realidad lo que hicimos a lo largo de más de 6 kilómetros fue seguir un paso de montaña que parte del camino real, hace un giro completo y se reencuentra con el, formando un arco casi perfecto de 1 kilómetro de anchura. Donde esto sucede, se le conoce desde el siglo XVIII como el Paraje de Carros. Se trata de un tramo casi recto de 1.5 kilómetros que desemboca en la localidad de Encino Gacho y donde se cree que se estacionaban las carretas antes de adentrarse hacia la venta y el pueblo de Las Vigas, distante 2 kilómetros. Don Humberto nos indicó donde se encontraban antaño unos comederos naturales sobre tierra para caballos, pero que ya no existen en la actualidad.
Admiramos los bellos paisajes de un verde brillante y encontramos abundantes trozos de obsidiana negra, a veces pulida, producto del enfriamiento del río de lava que el Volcancillo, una boca secundaria del gran volcán Cofre de Perote, derramó sobre la región hace 900 años y que generó el famoso Mal País, del que tanto escribieron los viajeros entre los siglos XVIII y XIX. Y ahora nosotros. Aunque el terreno de costra negra ya casi no es visible a causa de los espesos bosques que cubren la región.
A las 2:30 PM a medio kilómetro de Encino Gacho, llegamos al área donde trabajaríamos la segunda misión del día. En la exploración anterior del 4 de septiembre, notamos que el extremo izquierdo del camino real tenía un corte muy regular y expresé que podría tratarse de un muro de contención antiguo. Se trata de murallas monumentales a veces dotadas de contrafuertes y alcantarillas de arco, que se edificaron en pasos difíciles del terreno, para detener masas de suelo u otros materiales sueltos manteniendo pendientes que naturalmente no pueden conservar. Este muro es heredero de los conocimientos de la ingeniería europea, basada a su vez en los avances perfeccionados de civilizaciones como Roma. Pertenece al tipo más antiguo conocido como “muro de gravedad”, porque el peso de la muralla en escarpa contrarresta el empuje del terreno y en la categoría de “mampostería seca”, donde se construyen con grandes bloques de piedra tallados o no.
La muy gruesa mampostería de piedra permitió construir encima una calzada por donde transita el camino real e impide que la masa de tierra se deslave, destruyendo el paso y a la vez nivelar la subida de la cuesta en forma muy suave, facilitando el ascenso de vehículos de cuatro ruedas. El camino del Consulado de Veracruz fue expresamente hecho con la finalidad de ser carretero y no ser un camino de herradura más.
Además de los puentes de mampostería y arcos, los muros de contención son obras de ingeniería civil masivas de decenas o cientos de metros de longitud y hasta 5 metros de elevación. En este camino real, entre Veracruz y Perote he hallado 11 ejemplos con las mismas características y diseño arquitectónicos: 1 en Paso de Ovejas, 1 cerca del arroyo Lagartos, 1 en Conejos, 1 en la Cuesta de la Calera, 2 en Plan del Río, 2 entre esta localidad y Cerro Gordo, 1 en Cerro Gordo y 2 en San Miguel del Soldado.
Se trata de los trabajos realizados por el Consulado de Comerciantes de Veracruz entre 1803 y 1812, para el nuevo camino real que debían construir para enlazar la ciudad amurallada de Veracruz con el rancho La Ventilla (hoy Puente Nacional) a través de la región de Paso de Ovejas. Además de modernizar tramos y reparar puentes del camino real viejo que se usaba desde el siglo XVI para subir a la Ciudad de México; con lo que unirían también el camino real de Xalapa y Perote con la ruta que bajaba desde Puebla, Tlaxcala y la Ciudad de México.
Un camino carretero en buenas condiciones estimularía el comercio generando progreso para el territorio dentro de la jurisdicción del Consulado de Veracruz, asegurando una ruta segura en época de lluvias. En 1808 entró en servicio el gigantesco Puente del Rey y en 1809 este nuevo camino real, con lo que se pudo abandonar el viejo y siempre inundable camino de Veracruz a La Antigua y La Ventilla, ahorrando además varias decenas de kilómetros de travesía. Así, en 1809 el camino real del Consulado de Veracruz reemplazó al construido sobre la Ruta de Cortés y se convirtió durante el siglo XIX en la principal y más importante vía de comunicación del México Independiente (1821-1876) hasta ser eclipsado por el auge de los ferrocarriles. Después de 1920 retomó su importancia y actualmente sigue prestando servicios al pueblo de México.
Al avanzar por el Paraje de Carros noté que el terreno a la izquierda se hace más profundo y aparecían restos de mampostería. Mi cálculo es que este muro de contención debe tener al menos unos 550 metros de longitud, pero es difícil confirmarlo pues está extremadamente lleno de pasto, árboles y se usa como terreno de ganado. A poca distancia de salir a Encino Gacho, hallamos terreno despejado y con pasto verde esmeralda espléndidamente bien cuidado, donde pudimos descansar un poco y bajar cómodamente terreno abajo por una sección cortada del muro, lo que añade certeza a mi creencia de que la obra es mucho más larga y que solo visitamos la parte visible, gracias a los cuidados que se le han dado al terreno donde se halla.
Enseguida visualizamos la gruesa muralla que sostiene el camino real, confirmando mi sospecha sobre su existencia. El maestro Santos y don Humberto se movieron a lo largo del borde para determinar hasta donde llegaba y a pedido mío, verificar si tenía una alcantarilla como en los otros sitios que he mencionado.
Por mi parte me di a la tarea de hacer las mediciones básicas y Eunice me apoyó como fotógrafa. Con ayuda del GPS pude determinar la longitud de una obra tan extensa y masiva, cuya profundidad va desde 1.5 hasta 5 metros y corresponde al “precipicio” en el paso de montaña que menciona el capitán francés Charles Blanchot, protagonista de la emboscada en el Paraje de Carros el 17 de diciembre de 1862 y que por poco le cuesta la vida al general Bazaine. De haber sucedido esto, parte de la historia de la Segunda Intervención Francesa y del Imperio de Maximiliano pudieron haber sido muy diferentes sin su presencia.
Los datos importantes y cifras los podrán leer en la imagen con que se ilustra esta reseña.
Cabe destacar que esta doceava muralla posee el doble de espesor que he encontrado en las demás y no pose alcantarilla. Aunque si mi segunda sospecha es cierta, podría hallarse decenas de metros atrás en la parte boscosa y cegada. Pues algo que notamos, es que al igual que en San Miguel del Soldado, se ha estado extrayendo los bloques de basalto del empedrado antiguo, seguramente para pavimentar el sendero, como se hizo en La Joya y en Paso de Ovejas. Siguiendo hasta Perote, no se hallan más trabajos monumentales de esta naturaleza.
Exactamente a las 3:00 PM llegamos a la carretera 140 que va de Xalapa a Perote. Ahí finalizamos esta parte de la exploración general programada de dos días. Nos tomamos las fotos de grupo, como hicimos en cada punto importante que hallamos. Recibí el agradecimiento de mis compañeros y yo a mi vez, reconocí el trabajo de don Humberto al compartir su conocimiento de la parte de la ruta que no conocía. Abigail nos invitó a visitar y darnos un recorrido por su Jilotepec natal el mes siguiente antes del arranque de la expedición del camino real.
Fue una jornada perfecta de 4 horas a lo largo de más de 6 kilómetros, donde marchamos y convivimos con seguridad y confianza, pues todos guardamos la debida disciplina, nadie quiso adelantar a nadie y de los tres veteranos en estos caminos, mientras unos iban abriendo paso a la vanguardia, otros se quedaban a mantener la cohesión del grupo y cuidar que nadie se quedara atrás ni demasiado rezagado; cuidándonos unos a los otros.
Gracias al reducido número de participantes y a que avanzamos a paso ligero, cada quien halló motivos propios de alegría en estos caminos y vivimos numerosos pequeños episodios emotivos, como Abigail desplegando su magia personal para calmar en el acto a una brava perrita vigilante de un rancho y que nos salió al encuentro. Deyanira y Nicole encontraron un buen trozo de obsidiana o “cristal volcánico”, compuesto de silicatos alumínicos y óxidos silícicos. Siglos atrás servía para fabricar cuchillos y las navajas cortantes para las armas mesoamericanas. Para los que conocen de esto, la consideran una piedra para “equilibrar la energía y sanación”, ya que bloquea rápidamente todas las formas de negatividad, protegiendo contra el cansancio, el estrés mental y corporal así cómo las tensiones. Por si acaso tengo una que sirve de pisapapeles en mi escritorio y me saluda todos los días.
Homero muy feliz e interesado en la parte científica de lo que hacíamos, me hizo preguntas sobre los muros de contención. Eunice se divirtió bastante con su vara de caminante y platicando de voz y en celular, desplegando la dulzura que le caracteriza. El maestro Santos y don Humberto intercambiando sus valiosos conocimientos, Abdiel siempre servicial apoyando a quien lo necesitara.
Y yo comiendo una rica quesadilla de picadillo que Eunice me preparó pues con la prisa de arribar desde Veracruz y reunirme con todos, casi no llevaba comida en la mochila. Abigail y Araceli muy gentiles, además me convidaron “alegría” (dulce mexicano fabricado con semillas de amaranto y miel o azúcar) y “palanqueta”, que es otro dulce mexicano rico en proteínas, fibra y grasa vegetal, que favorecen la disminución del colesterol malo, asimismo, contienen vitamina E y minerales como hierro y cobre que oxigenan la sangre. Ambos forman parte de la dieta de campaña de los senderistas mexicanos para tener una reserva de energía y resistir la fatiga.
Como buenos comunicólogos veteranos, Abigail y yo le dimos mucho uso a nuestras cámaras, captando todo lo relevante y los momentos especiales. En la memoria de mi Nikon Coolpix se acumularon 743 imágenes de 16 megapíxeles: 355 de este día y 388 del siguiente. Más decenas más en el celular. Con un enfoque como el de Alexander von Humboldt, recopilo datos y la fotografía me es una herramienta muy valiosa, tanto para ubicarme en el tiempo y el espacio, como para extraer detalles y matices sobre la información que contiene la imagen en sí.
Y eso sí, todos admirando una preciosa casa de descanso edificada en terreno alto entre Birgam y Paraje de Carros ¿Quién no quería pasar la tarde ahí?
Les extendí a todos la invitación a participar en el arranque de la expedición en la mañana del sábado 4 de diciembre de 2021, en que saldremos de Perote a Cerro de León como primera etapa de la travesía de 20 días caminando. Luego nos separamos: la mitad se fueron a Las Vigas para abordar el autobús de regreso a Xalapa y los demás nos dirigimos a Perote y en mi caso, con el maestro Santos y su hijo Abdiel, a Valsequillo, desde donde nos dirigimos a Cerro de León a bordo de la “Chispa”. Fuimos muy bien recibidos por el agente municipal Leobardo Ramón, con una nutrida ración de tacos de carnitas michoacanas para recuperar las energías y que desaparecieron en pocos minutos.
Me alojé ahí y antes de la cena, pude admirar la bellísima conjunción planetaria de la Luna con Venus en el cielo despejado de esta parte del municipio de Villa Aldama. Aproveché que había señal de internet bastante fuerte, para dar aviso por Facebook a los amigos, invitándoles a que salieran a verla y gozarán de este evento astronómico gratuito. Abigail captó el fenómeno desde Perote y nos compartió la foto.
Después de cenar 10 tacos más de cabeza de res y al pastor con un delicioso café caliente, puse a cargar las baterías de mi celular y cámara, y me dispuse a dormir mientras bajaba bastante la temperatura en Cerro de León.
DOMINGO 10 DE OCUBRE
Iniciamos actividades a las 9 :00 AM como hago habitualmente cuando visito Cerro de León. Nuestro plan de trabajo era ir hasta los restos del Molino de Guadalupe, que antaño pertenecía a la hacienda del mismo nombre y extinguida desde hace muchas décadas. Luego bajaríamos por un camino antiguo hasta el pueblo de Cruz Blanca, cruzado a su vez por el camino real de Veracruz a México. Caminaríamos unos 4.46 kilómetros y después regresaría yo a Xalapa donde tenía otra actividad que realizar antes de retornar a mi ciudad de Veracruz.
Sin embargo, el sitio donde me alojé gracias al apoyo del agente municipal, se encuentra a pocos metros del camino antiguo que en la segunda mitad del siglo XIX se utilizaba para ir del pueblo de Cerro de León al de Sierra de Agua y a la cercana hacienda de San José del Molino (nombre correcto). En dos exploraciones anteriores en agosto y septiembre de 2021, el maestro Santos y yo, apoyados por sus hijos Abdiel y Gabriel con otros amigos que esta vez no nos acompañaron, hemos mapeado y ubicado el campo del combate del 18 de diciembre de 1862, así como el sitio probable desde el que se hizo el boceto para hacer el grabado que inmortaliza ese hecho en la revista Le Monde Illustré que recibía noticias de la Campaña de México, en su volumen XI publicado el 21 de febrero de 1863.
En la semana el maestro trató de recorrer este camino que conoció hace muchos años pero que a raíz de la construcción de la autopista 140D -la misma que pasa por Toxtlacoaya- y las excavaciones profundas para extraer tepezil, quedó cortado para los pobladores y gradualmente ha sido abandonado. Utilizándose en cambio, la carretera que comunica directamente Villa Aldama y Cerro de León con Sierra de Agua. Sin embargo, esta semana los bancos de niebla muy espesos que caracterizan la región -y que fueron utilizados tácticamente por la brigada del general Aureliano Rivera contra los franceses en 1862- hicieron imposible este reconocimiento. Pero hoy el día amaneció excelente: soleado, escasas nubles en el cielo muy azul, fresco y no habría niebla sino hasta bien avanzada la tarde.
Así que en lugar de ir a desayunar y partir al Molino de Guadalupe, el maestro Santos me propuso ir y regresar, calculando estar de regreso en 50 minutos. Así que dejé mi pesada mochila en donde me alojé y armado solo con mi vara de caminante y mi cámara, nos pusimos en marcha a las 9:01 AM saliendo al inmenso llano que tiene a la izquierda la imponente masa del volcán Cofre de Perote y a la derecha la vista lejana del Cerro Pizarro, la Vigía Alta, el cerro Amolucan y el de San Pedro.
Aproveché para compartir fotos y una descripción de lo que hacíamos a nuestros amigos del día anterior y otros de Veracruz, Soledad de Doblado, Xalapa y Perote, pues nos manifestaron que hubieran querido acompañarnos este día pero por diversas razones no pudieron. Cada cierto tramo les volvía a informar de nuestros progresos a lo largo de esta ruta y para que conocieran en fotografía lo que yo iba descubriendo con mis ojos.
Así, caminando a paso ligero y captando estos hermosos paisajes, a las 9:15 AM llegamos hasta la zona donde el camino se ve interrumpido por grandes y profundas excavaciones de tepezil, que es un mineral inerte natural, liviano, de bajo costo y que constituye uno de los motores económicos de la región.
Era el momento de regresar pero le dije al maestro que viésemos si podíamos “empatar” este tramo con otro, a fin de darle continuidad para así llegar a Sierra de Agua, ya que este camino es probablemente el que siguieron los franceses y sus aliados conservadores en la mañana del 19 de diciembre de 1862 para dirigirse a capturar la hacienda de San José del Molino y la fortaleza de San Carlos, asegurando el paso de sus contingentes y convoyes de abastecimientos que subían de Veracruz y Xalapa, para reforzar a su cuerpo principal que sitiaría la ciudad de Puebla.
Así que puestos de acuerdo, nos olvidamos por un rato del Molino de Guadalupe (que ya conozco desde meses antes) y muy felices caminamos hasta la autopista 140D, donde cruzamos por un ancho viaducto y salimos a un estrecho camino que bordea una profunda excavación de unos 11 metros de profundidad. Subimos a un montículo para apreciar el paisaje inmenso desde una posición visualmente dominante. Luego de tomar fotos y geoposicionar, bajamos y a las 9:57 AM llegamos al estrecho sendero del camino antiguo Cerro de León-Sierra de Agua que prosigue después de la autopista.
Hice trabajo de GPS e informé a los amigos y continuamos hasta llegar a la vía del Ferrocarril Interocéanico y comunicaba, al igual que el camino real, las ciudades de México y Veracruz, la capital nacional con su principal puerto en el Golfo de México. A las 10:07 AM llegamos a donde el camino se divide en dos: a la izquierda prosigue hasta llegar a la carretera 140 y un poco más adelante al camino real Veracruz-México en las calles de Sierra de Agua. El camino original era de 2.75 kilómetros pero como lo estamos haciendo rodeando el tramo inhabilitado de 487 metros, lo alargamos hasta 3.16 kilómetros. A la derecha el camino sigue por 1.29 kilómetros hasta enlazarse con el camino que desde la hacienda de San José de los Molinos iba a la estación ferroviaria conocida como Rubin, por haber sido construida cuando el dueño de la hacienda era el español Juan Mier y Rubín.
A las 10:32 AM llegamos a la carretera 140 en Sierra de Agua y buscamos donde desayunar, pero extrañamente los negocios que visitamos ya habían agotado la venta. Por lo que seguimos paralelos a la carretera caminando 1.12 kilómetros en dirección a la hacienda y paramos afuera de una tienda OXXO en una gasolinería, donde un señor muy amable y educado vendía tacos de carnitas y tamales en su negocio ambulante de cuatro ruedas y tanquecito de gas portátil. Compramos de beber en el OXXO y yo me comí 2 tacos de cabeza de puerco y 1 de suadero. Platicamos con el vendedor y mandé mi reporte a los amigos, dándole antojo a Eunice que se hallaba en Perote.
A las 11:24 AM, con algo de comida en el estomago, avanzamos a la esquina opuesta y llegamos a donde inicia el camino a la estación Rubin y los grandes almacenes que ahora están solitarios y sin actividad. Tomando fotos, conversando, intercambiando impresiones y contestando una que otra llamada de nuestros amigos, el maestro Santos y yo llegamos nuevamente a la vía del Interocéanico a las 11:44 AM tras caminar un tramo de 1.23 kilómetros, teniendo la estación distante a la izquierda y un poco más allá el camino que conduce actualmente al Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) No. 5, conocido también como el Penal de Villa Aldama, y un poco más allá, a la calle principal de Cerro de León.
Caminamos cruzando la 140D por un puente bien construido como el que pasamos un día antes en Toxtlacoaya, y de ahí en dirección casi recta, avanzamos pasando a un costado del CEFERESO 5. A la derecha tenemos un paisaje monótono formado por inmensas excavaciones de tepezil, que son el lado opuesto de aquellas que vimos horas antes al salir del pueblo. A buen paso, dejamos atrás el penal y a las 12:31 PM avistamos la iglesia de Cerro de León, que con su cúpula y torres pintadas de amarillo y rojo, destacan contra el maravilloso azul del cielo y sirven como punto de referencia en el horizonte.
Mi “hermanito” y colega del equipo EXESCR, el ingeniero Luis Manuel Villanueva Garza, me preguntaría que en la foto que compartí se veía un pueblo pero no el “cerro”. Como a muchas otras personas antes, le expliqué que Cerro de León se halla edificado en una “eminencia” o elevación del terreno, es decir, no se trata propiamente de un cerro de decenas o cientos de metros de altura. La parte más alta se halla atrás de la iglesia parroquial y tiene una diferencia de 9 metros respecto a la calle formada por el camino que viene desde Cruz Blanca, que es un terreno que asciende poco a poco desde la depresión del afluente del río Frío que se dirige a Sierra de Agua y pasa a un costado de Cerro de León. Desde este punto hasta el descampado atrás de la iglesia existe una diferencia de altitud de 5 metros.
Esta ligera elevación era más visible en 1862 cuando el pueblo era más reducido y carecía de la urbanización actual. En la tarde del 18 de diciembre de 1862, tras dispersar a la brigada del general Rivera, los franceses ocuparon Cerro de León y el ya mencionado capitán Charles Blanchot, quien fue testigo del combate, llegó al grado de coronel y viceministro de guerra de Maximiliano, en el tomo I de su magnífica obra “Mémoires. L ‘intervention francaise au Mexique”, nos proporciona esta valiosa descripción:
“La caballería de Quezada, cargada enérgicamente tres veces por el coronel Margueritte, cede y el general de Berthier ocupó Cerro León que se eleva sobre una eminencia desde la que se domina el llano, porque la niebla acaba de disiparse. El general Bazaine llegó al galope con una sección de artillería para cañonear un bosque donde ha desaparecido el enemigo; pero reconocimos que éste ya está muy lejos. Al mismo tiempo, se enteró de que la infantería, 800 hombres, nos esperaba en la ruta directa de Cruz Blanca a Perote y que, sorprendido por nuestro movimiento en Cerro León que amenazó con envolverlo en su posición, fue retirado. Por eso convocó la concentración en Cerro León donde nos vamos a asentar, porque es fácil de defender. Cerro León es bastante grande y todavía hay algunos recursos allí”
La eminencia o ligera elevación del terreno a la que se refiere, aún se puede apreciar si se camina desde la penúltima calle del enorme triángulo que forma Cerro de León, hacia la carretera que va a Villa Aldama o en dirección de oeste a este. A la izquierda, se ve un descampado junto a la iglesia y se percibe el suave descenso que hace la calzada. Si quitásemos el pavimento y la carretera, la diferencia de altitud se acentuaría hasta 7 metros y tendríamos la vista del “cerrito” que inspiró el nombre del lugar a fines del siglo XVI. Igual puede verificarse con Google Earth o cualquier software que indique la altimetría del terreno en metros.
A las 12:40 PM hicimos nuestra entrada al pueblo y caminamos todavía unos 190 metros hasta una tienda para comprar algo de beber y descansamos unos minutos a la sombra en la explanada grande que quizá un día no muy lejano aloje un monumento al valor de los soldados y guardias nacionales del general Rivera combatiendo la invasión francesa.
Esta calle ancha y bien pavimentada conduce directamente al CEFERESO por un lado y por el otro atraviesa la gran cuadra que aloja a la iglesia parroquial y a numerosos edificios de estilo neoclásico, remanentes de la época de esplendor de la hacienda Molino de Guadalupe en el periodo histórico del Porfiriato (1876-1911). En esos años, el pueblo de Cerro de León adquirió importancia como sitio de descanso para viajeros y las diligencias que iban de Veracruz a Puebla sin pasar directamente por Perote, la ciudad más cercana. Esto dejó en la memoria del pueblo la creencia de que este es el mismo camino real de Veracruz a México que se seguía desde el siglo XVI. Sin embargo, esto no es cierto y puede probarse fácilmente porque en todos los mapas desde el siglo XVI hasta mediados del XIX, Cerro de León no aparece señalado ni es mencionado en ningún relato por los viajeros e informes civiles o militares.
Para 1816 cuando los trabajos del Consulado de Veracruz tenían ya 4 años de haber sido interrumpidos por los ataques insurgentes a sus campamentos de trabajadores y la bancarrota económica de la misma corporación por haberse arruinado el comercio con la península Ibérica a causa de su propia guerra de Independencia contra los franceses (1808-1814); se puede considerar que el camino real de Perote a Veracruz está terminado en su etapa del periodo colonial o virreinal (1535-1821). Y no se le harían nuevos trabajos hasta la década de 1830, cuando comenzó precisamente el servicio de diligencias entre Veracruz y México.
Mapas militares de esta época, como el obsequiado por el capitán Manuel Varela al virrey entrante Juan Ruíz de Apodaca en 1816, revelan no solo el camino real y sus poblaciones, sino los puentes, fortines y la extensa red de caminos secundarios que se habían desarrollado en la Nueva España. Y desde el siglo XVIII, el camino real después de salir de Xalapa pasaba por Banderilla, ascendía hacia San Miguel del Soldado, La Joya, Toxtlacoaya, el Paraje de Carros y alcanzaba su máxima altura antes de estabilizarse el terreno en Las Vigas. De ahí proseguía hasta Cruz Blanca y tras subir su famosa cuesta, se entraba al llano que conducía directamente a Sierra de Agua, San José del Molino y a Perote. En ese periodo, Cerro de León era solo una ranchería de escasa importancia a 2.5 kilómetros de distancia del camino real. Los viajeros no se desviaba a Cerro de León porque precisamente en Sierra de Agua y San José del Molino existían mesones donde alojarse y aprovisionarse.
Hacia 1831 se le construyó una escuela para niños y en 1847 pudo suministrar un pequeño contingente de caballería a la guardia nacional de Jalacingo, en la guerra contra los norteamericanos. Lo que indica un incremento poblacional en la antigua ranchería de Cerro de León y que comenzaba a conformarse como un pequeño pueblo.
En 1862 los franceses cruzan de Xalapa a Perote y testigos como el capitán Charles Blanchot describen que de Cruz Blanca salen dos caminos: el ya conocido real -ahora llamado Camino Nacional- hacia Perote y otro que conduce directamente a Cerro de León, que ahora ha crecido y es un pueblo de mediana importancia. En la actualidad el camino real es la principal calle de Cruz Blanca y justo antes de subir a la Cuesta para llegar al llano, se bifurca en 3 senderos a partir del mismo punto: el de la izquierda es el camino real que va en forma casi recta a Sierra de Agua y Perote, el del centro es de trazo irregular y se dirige al río Frío y Cerro de León, siendo el de la derecha el que ahora utilizan para dirigirse a Las Minas.
En mapas de finales del siglo XIX o inicios del XX, como el que acompaña a esta publicación, se perciben ambos caminos paralelos pero separados por 1.80 kilómetros a la altura del río Frío que ambos cruzan. El camino real actualmente entre la bajada del arroyo Valsequillo y la cuesta de Cruz Blanca ha quedado prácticamente irreconocible en 3 kilómetros por el enorme el libramiento de la carretera 140 que se conoce popularmente como “El Trebol” y las enormes excavaciones de tepezil. El camino a Cerro de León y su ramal al Molino de Guadalupe, se conservan perfectamente como senderos de terracería y rodada, pero sin la presencia de empedrados, alcantarillas, puentes, terraplenes y muros de contención que caracterizaron al camino real por los constantes trabajos de mantenimiento que en cada siglo se hacían.
Conforme se poblaba el territorio se tenían que abrir nuevas rutas de comunicación ya fuera por los ranchos, las haciendas o los municipios, para enlazarse con las principales vías de comunicación y la actividad económica de importación y exportación de sus productos. Un claro ejemplo es el camino antiguo de Cerro de León a Sierra de Agua y San José del Molino, que a su vez se enlaza tanto con el camino real Veracruz-México como la estación Rubín y por tanto, con la red del ferrocarril.
El hecho de tener dos grandes haciendas paralelas al camino real, Molino de Guadalupe y San José del Molino, hizo que poblaciones pequeñas como Sierra de Agua y Cerro de León adquirieran importancia y añadieran nuevos senderos a su red de caminos. Esto sucedió hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo XIX, pues los ricos hacendados de la región invertían también en la construcción y mantenimiento de caminos y puentes. Aunque el de Cerro de León no sea el camino real Veracruz-México, no por ello deja de ser una vía de comunicación importante y testigo de un periodo importante de la historia de México.
Proseguimos por una calle lateral para ir a recoger mi mochila y partir para Xalapa. Así cerramos el circuito de esta travesía de 8.54 kilómetros entre las 9 y 13:00 horas.
Dejé al maestro Santos conversando con un nutrido grupo de amigos y al volver me despido de todos ellos. Abordando la unidad de Autobuses Unidos que hace la ruta de Villa Aldama-Cerro de León-Xalapa poco después de las 2:00 PM. No sin antes dejar acordado con el maestro proseguir el trabajo de investigación y ver si hay condiciones para que su hijo Abdiel pueda acompañarme en diciembre, haciendo todo el viaje entero.
Una hora después me reúno en Xalapa con el historiador Teófilo Cancela Báez, que tiene experiencia en heráldica y genealogía, dos áreas del conocimiento donde también he incursionado por el estudio de las reales cédulas y escudos de armas fundacionales de ciudades hispanoamericanas de los siglos XV y XVI. Tenemos una larga y productiva charla hablando sobre los escudos de Xalapa y Veracruz, generosamente me comparte unos estudios que hizo al respecto de ellos y a las 4:30 PM nos despedimos, prometiendo seguir en contacto, intercambiar información y trabajar juntos en algunos proyectos que a ambos nos interesan.
Regresé a la terminal de Xalapa (CAXA) y enseguida me embarqué hacia mi ciudad de Veracruz, a donde llegué dos horas y media después sin problema alguno. Todavía trabajé un rato descargando las fotos en mi computadora y enviando información a dos personas que la estaban esperando. A medianoche me fui a descansar terminando este interesante fin de semana de exploración, caminos y escudos de armas.
Con esto finalizo esta humilde reseña de actividades, agradeciendo a todas las personas que me acompañaron y a quienes nos apoyaron para que fuesen posibles. Me despido mis queridos amigos y les deseo que tengan una muy feliz semana. Mientras hay que procesar toda la información y prepararnos para la siguiente aventura dela historia y seguir acopiando recursos y apoyos para la expedición documental del camino real, que iniciará su periplo dentro de 51 días.
¡Benditos sean todos!