La necesaria austeridad

 Isael Petronio Cantú Nájera

Dice la OCDE que el salario promedio en México es de 10,106 dólares que representan $192,202.982 pesos anuales que divididos en meses nos da: ¡$16,016.91! eso es lo que nos dicen, al repartir imaginariamente todos los salarios entre todos; pero no es así, porque unos ganan menos de $3,000 pesos y otros ganan más de $500,000 mil pesos mensuales.

Por otro lado, tras 18 años de gobiernos de alternancia, particularmente entre PRI y PAN, el “negocio gubernamental” prácticamente se encuentra en quiebra, es decir, a quienes les pagamos altos sueldos para que administraran de manera eficiente y eficaz los recursos públicos, no solamente los dilapidaron, sino que se los ¡robaron de mil formas! Es obvio que si trabajaran en la Ford o en Google, ya los hubiesen corrido de la empresa por pésimos trabajadores y ladrones; y no solamente les quitarían sus sueldazos, sino que estarían en la cárcel.

El primero de julio, afortunadamente, los dueños de este país o negocio nacional, hicieron el corte de caja, exigieron la rendición de cuentas y terminaron por revocar el mandato a los corruptos administradores del PRI y del PAN, de paso a sus chalanes del PRD, Verde, Nueva Alianza y demás lamebotas que siempre hay a la entrada del negocio.

El nuevo administrados ha decidido, por exigencia de los dueños, que se reduzcan los salarios de todos aquellos administradores vivales que a las espaldas de los dueños, se aumentaron los sueldos de manera irresponsable y traicionando el contrato por el que fueron contratados: construir un Estado Social y Democrático de Derecho.

Obviamente, los corruptos funcionarios, ahora, se rasgan las vestiduras, gritan que violan sus derechos (mal habidos por cierto) laborales y pagan “plumas” para que en los medios escritos y televisivos se haga saber que: si les quitan sus altos salarios se “fugarán con todo y sus cerebros” hacia la iniciativa privada o peor aún: ¡robarán y harán mal las cosas!

Nacionalistas no son, servidores públicos tampoco, son vivales que ante su incapacidad de ser auténticos servidores del pueblo, penetraron a la administración pública para ver que se robaban y de que modo: ¡Los altos e ilegítimos salarios fue y es uno de ellos; no hacer nada o hacerlo al “ahí se va”, es otro!

También es obvio que los auténticos patrones del negocio republicano, es decir el pueblo, le exija al nuevo administrador, que de los ahorros que logre, los aplique de manera eficiente en las áreas más críticas: creación y consolidación de un sistema anticorrupción, empleo y salario digno; mecanismos de seguridad; educación científica y humanista de cara a la globalización y el siglo XXI; sistema nacional de salud y políticas públicas que abatan la diferencia brutal entre pobres y ricos… ¡Casi una nueva empresa!

Pues sí, así de simple es la reconstrucción de la empresa nacional: austeridad y salarios reales para los nuevos administradores y además: controles que midan la real eficiencia y eficacia de las políticas públicas de profundo contenido social… ¡Nada de hacer mercancía chafa!